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El dolor de un hijo: la impotencia de un padre

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  Todos los humanos somos seres emocionales. Alegría, miedo, asco, ira, tristeza, son las emociones predominantes entre otras. Pero cuando tu hijo tiene miedo, puedes abrazarlo o encenderle la luz. Puedes calmarlo susurrándole al oído hasta llevarlo lejos de sus fantasmas. Cuando está triste, puedes convertirte en un payaso digno del Circo del Sol. Si está enfadado, se le regala tiempo para que ponga orden entre los restos de su naufragio. Y así, buscando la alternativa idónea para cada momento, se va construyendo su propio barco, se van desplegando sus alas y, las raíces que lo sustentarán cuando vengan huracanes (que vendrán, porque siempre vienen), se harán profundas, abundantes e inquebrantables. Pero… ¿qué hacer con ese sufrimiento físico que a veces les tensa el alma? ¿qué hacer cuando los vemos gritar de dolor? Vacunas, extracciones de sangre, picaduras de insectos o medusas, dolores de estómago, afecciones cutáneas,… Cada vida es única, legítima e intransferible, así ...

Cultura de Valores contra la Cultura del Miedo

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La Cultura d el miedo El miedo siempre fue el arma más poderosa utilizada para controlar a las personas, y aplicado desde la infancia, se logra interiorizar de tal manera que el individuo lo asume como algo tan natural que cuando llega a edad adulta, ni siquiera se cuestiona su veracidad.  Pero lo malo de todo esto es que, quienes crecimos en la cultura del miedo, a veces no nos damos cuenta de que lo seguimos utilizando para educar a nuestros hijos, ya que al fin y al cabo, sigue siendo una alternativa rápida y eficaz para controlar, sin detenernos a pensar en la crueldad y en las consecuencias psicológicas que acarrea: poca iniciativa y pérdida de autoestima, pesadillas, incremento de miedos, estados de ansiedad, mayor tendencia a depresión, bloqueos en situaciones de estrés, ... son solo algunas de las consecuencias de esa mala práctica que a veces nuestros padres, llevados por el desconocimiento, aplicaron durante nuestra infancia. Aquí no valen los atajos: educar requiere su t...