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Me mueve vuestro respirar.

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  Voy a construir, para surcar el cielo, una máquina con alas sobre un diente de León.  Que el viento decida mi rumbo, mi energía que proceda del sol.   Que el reloj caprichoso del tiempo no llegue a alcanzarme en mi nave de algodón.   Que el camino que lleva a tu aliento sea paz, sea canción.   Que los sueños volando despierto sean latidos de mi corazón.   Y si el viento remite y no avanzo. Y si me quedo en el mismo lugar.   Será porque ya me olvidaste y dejaste de soplar. Cristóbal Ramírez Solano

Nuestros hijos son egoístas, egocéntricos, crueles e irascibles.

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    Los queremos tanto que daríamos la vida por ellos, pero tenemos que aceptar que son unos pequeños salvajes a los que tenemos que educar.   En realidad es de lo más normal, nuestros hijos vienen con esas adaptaciones de fábrica preparados para sobrevivir en el mundo real que no es otro que la naturaleza (nada que ver con la burbuja donde los tenemos), y ahí, solo se mantiene con vida el más egoísta.   No importa cómo de mezquino e insensible se pueda llegar a ser para sobrevivir.   Por eso es tan normal que nuestro pequeño no empatice con los demás cuando los ve llorando, no se le ocurra que los otros pueden querer también esas galletas tan ricas que él come, o que para conseguir ese juguete de colores tan llamativos, valga cualquier método , incluyendo golpear o morder. También es cierto que cuando nuestros hijos nacen, vienen programados para experimentar esas sensaciones tan complejas que son las emociones y que los llevan a situaciones anímicas que no sab...

AQUÍ EMPEZÓ TODO... ¿OS SUENA?

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 Padres Primerizos ¿A lguna vez han tenido la sensación de que los demás les miran mal? ¿Alguna vez, sin conocer la razón, han notado algo extraño o sospechoso, o incluso algunos detalles insignificantes que sumados unos con otros les han llevado a intuir que algo no va bien? Pues eso fue exactamente lo que nos sucedió a mi mujer ya mi, hace poco más de un mes, una agradable tarde de principios de junio.   Antes de nada he de aclarar recientemente que hemos sido padres de un niño precioso llamado Dáriel, y que mirar sus ojos límpidos y cristalinos se ha convertido en la experiencia más intensa que hayamos experimentado nunca. El caso es que ese caluroso día de finales de primavera habíamos planificado hasta el último detalle de lo que sería el primer paseo que daríamos con el pequeño que pronto cumpliría un mes de vida. Porque desde que nació, y debido al inusual mal tiempo, no habíamos salido de casa (excepto una visita al pediatra cuando le salieron todas esas ronchi...