Colegio Antonio Machado. Charla para 5º y 6º de primaria.
El Yo interior existe.
Imaginad que sois una casa. Por fuera (la fachada) es lo que ven vuestros amigos y profes. Pero por dentro, tenéis habitaciones llenas de colores, ideas, recuerdos, alegrías, miedos y talentos que solo conocéis vosotros. Eso es tu Yo interior.
También es como un hermano gemelo que vive dentro de nosotros y que lo sabe todo. Sabe lo que pensamos, lo que sentimos, todos nuestros secretos. Podemos hablar con él en silencio o en voz alta.
Pues este hermano gemelo, este Yo interior, es la persona más importante que tenemos pues va a acompañarnos el resto de nuestra vida. Así que, como si fuera nuestro hermano pequeño, tenemos que cuidarlo, quererlo, respetarlo y educarlo.
Autoestima:
La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos. Es el cuánto nos queremos y, al mismo tiempo, el cuánto pensamos que los demás nos quieren.
La autoestima nos ayuda a confiar en nosotros mismos. Pase lo que pase, seremos capaces de resolverlo. Cuando un pájaro se posa en una rama, no tiene miedo a que la rama se parta pues confía en sus alas. Tenemos que confiar en nosotros sabiendo que, suceda lo que suceda, lo sabremos resolver.
Emociones:
¿Cuántas emociones conocéis? Miedo, tristeza, ira, alegría, sorpresa, aversión.
¿son buenas o son malas?
Las emociones no son la realidad: son señales. Pasan, pero tú sigues con lo tuyo. Hay que hacerles caso, gestionar la información que nos aportan y seguir con lo que sea que estemos haciendo sin dejar que se apoderen de nuestra voluntad, evitando que se nos hagan una bola en nuestro interior. Nuestra cabeza no puede estar todo el día rumiando un enfado, un arrepentimiento o un miedo. Ese ruido mental nos impedirá disfrutar de las miles de cosas maravillosas que suceden a nuestro alrededor cada segundo de nuestra vida.
Pantallas:
Os voy a hacer una pregunta ¿Sabéis dónde están las mentes más brillantes del planeta? … no, no están salvando el amazonas, ni buscando soluciones a la contaminación de los microplásticos, ni luchando para encontrar la forma de enfriar el planeta. Las mentes más brillantes están en Silicon Valley trabajando en algoritmos para que estéis enchufados a las pantallas el máximo tiempo posible, sin importarles lo más mínimo vuestra salud. Para las grandes tecnológicas solo soy cajeros automáticos. Números que van a engordar sus ya abultadas arcas.
Podéis hacer lo que queráis con vuestra vida y vuestro tiempo. Pero por lo menos, la próxima vez que paséis x horas seguidas arañando la pantalla, sabed que hay unos pocos riéndose y escupiéndoos impunemente a vuestra cara. Unos cuantos avariciosos podridos de dinero, que se dedican a buscar la manera de controlar vuestra mente, conscientes del daño, conscientes de la cantidad desorbitada de casos de enfermedad de salud mental que eso os está causando, incluyendo el suicidio.
Ahí tenéis la respuesta del significado de aversión, la sexta emoción más importante del ser humano. Eso es lo que me provocan esa mala calaña.
Pero, ¿qué podemos hacer para luchar contra eso? Pues lo primero, destinar internet al uso, sin abuso, para el que se inventó: para la comunicación, para el aprendizaje, para la unión de las personas y las culturas.
Lo segundo es empezar a plantearnos proyectos. Cada persona tiene distintos dones, gustos, contextos que le resultan placenteros y le proporcionan satisfacción. Vamos a concentrarnos en ellos y divertirnos creando, ya sea solos o con amigos de igual inquietud.
Si me gusta bailar, me invento una coreografía desde cero, la creo, la desarrollo, la grabo. Si me gustan los comics, imagino una historia, organizo las viñetas y me lanzo a dibujar. Si se me da bien un instrumento, aprendo solfeo con él. Si me gustan las imágenes, colecciono monedas...
Cuando termine un proyecto, me lanzo a otro de mayor envergadura: ningún proyecto es grande si lo sabemos organizar.
En la vida estamos como Sami, navegando en el mar de las emociones. Nos encontramos solos remando en alta mar. Si sabemos a dónde queremos llegar, un día remaremos más, otro menos, pero siempre lo haremos en la misma dirección, cada vez estaremos más cerca, hasta alcanzar nuestro objetivo.
Sin embargo, si no tenemos proyectos, si no tenemos idea de a dónde queremos ir, estaremos siempre remando en círculos sin llegar a ninguna parte.
Quiero que os quede claro que sois más inteligentes de lo que creéis, sois más fuertes de lo que pensáis, sois importantes: no olvidéis nunca lo importante y lo mucho que valéis. Yo creo en vosotros, los adultos creemos en vosotros… tenéis que creer en vosotros.
A vuestra edad, se llega a pensar algo así como: “a mí me quieren si me estoy callado, si me estoy quieto, si soy responsable, si saco buenas notas…” Pero eso no es así. Os queremos porque sois nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros pequeños proyectos de adulto, nuestro futuro. El que estéis callados, quietos, estudiéis, … ayuda a que todo funcione en el orden establecido de la familia, el colegio o la vida, pero el que os queramos no depende de eso.
Confiar en vosotros. Quereros, respetaros, cuidaros, ser honestos con vosotros mismos. Alimentad siempre al lobo bueno y esa será la imagen que proyectareis. Sentiros orgullosos de cada buen gesto que tengáis, no solo con los demás, sino también con vosotros mismos. No seáis crueles con vosotros cuando las cosas os salgan mal, en vez de eso, reíros por lo que pasó como si estuvieseis con vuestro mejor amigo, restándole importancia. Hay que ser payasos con nosotros mismos, ponernos un nombre gracioso y cuando nos equivoquemos llamarnos así: “Ea, ya la has vuelto a liar, orejapollo”.
Llevaros siempre bien con vuestro “Yo” porque de eso va a depender vuestra calidad de vida. No espero que lo entendáis bien porque aún sois pequeños, pero está bien que lo vayáis oyendo ya, y os vayáis familiarizando con estos conceptos pues es uno de los mayores aprendizajes a lo largo de la vida y de lo que va a depender vuestra felicidad.
Si conseguimos controlar nuestro “ruido mental” podremos concentrarnos mejor en los pequeños instantes cotidianos de felicidad.
Muchas gracias por escucharme. Espero que esta charla os ayude a llevaros bien con vosotros mismos, a mejorar vuestra autoestima y espero haber contribuido a mejorar vuestra inteligencia emocional.

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