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El mensaje

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  Hace ya algunos años (de hecho, bastantes), cuando mi edad rondaba los catorce, me apunté a un equipo de voleibol que había en mi pueblo.  Dos tardes por semana, durante hora y media, iba al polideportivo de Olvera a entrenar. Recuerdo que por aquel entonces tenía, además de bastante altura, un cuerpo hábil y atlético que me permitía destacar en cualquier disciplina.  Y también recuerdo que el entrenador, como si “me la hubiera jurado” , no dejaba de gritarme en todo el tiempo que duraba cada entreno.  Me costaba disfrutar del deporte, llegaba a casa angustiado, en la pista siempre estaba tenso intentando no cometer ningún error, a sabiendas que en todo momento era observado.  Hasta que una tarde no pude más y le grité que me dejara en paz, que había más compañeros, que por qué siempre me estaba regañando.  Y entonces, muy calmado, me echó el brazo sobre los hombros, me alejó un poco de los demás, y me dijo al oído: “ Cristóbal te corrijo tanto porque, d...

Esta noche el Señor Pérez volverá a pasar por casa.

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Leyendo entre líneas.

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  Se aprende viviendo. La vida es como ir al colegio: puedes aprovechar y adquirir conocimientos, o simplemente asistir con la única intención de pasar el rato. Leer entre líneas es como cuando alguien llama tu atención señalando: unos se quedan mirando el dedo y otros se giran buscando algo en esa dirección. Es muy simple, al final todo se reduce a la interpretación que hacemos de la información que recibimos: puedes quedarte con lo que perciben tus sentidos o ir un poco más allá. Me explico. Si por ejemplo un día llego tarde a casa y mi esposa me recibe con un enfado descomunal. Si después de explicarle las razones que me han hecho retrasarme sigue igual de enfadada recriminándome que si yo solo pienso en mí, que si ella lleva toda la tarde en casa con los niños sin poder salir ni un rato y yo de cháchara con los amigos, que si … Yo puedo hacer caso a lo que ella me dice literalmente y enfadarme también (porque el retraso no ha sido por mi culpa), o interpretar lo que dic...

Noche mágica de reyes y mágica noche de niños.

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  Contemplarlos mientras duermen es mi calmante natural, mi más efectivo opiáceo, es como mirar las estrellas, como observar una aurora boreal, como el más dulce crepitar de hoguera, tan cercano, que puedo sentir el calorcito que emana de sus cuerpos y el airecito que les da la vida en su respiración.  Siento la suavidad de la piel sedosa, con esa pelusilla rubia que son los vellos de los brazos, con esa transparencia rosada de unas uñas delicadas como pétalos de flor. Puedo sentir la progresión de los sueños en el movimiento de vuestros ojos tras los párpados cerrados y en la electricidad de algún espasmo que a veces se os viene sin ser anunciado.   Os contemplo mientras dormís y siento vuestra presencia acariciando mi mirada. Os respiro y os abrazo de lado mientras os susurro muy despacio que sois únicos, buenos, importantes y queridos. Que con paciencia y esfuerzo podéis conseguir cualquier cosa, y que pase lo que pase, papá y mamá, de una manera u otra, siempre es...

Navidad feliz.

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  La navidad es una fecha muy importante para nosotros, es el final de un año, es tiempo de regalos, de festejos, de reuniones familiares y, para los cristianos practicantes, una emotiva fiesta religiosa.   Pero también la Navidad es la familia unida y apretujada a la mesa en Nochebuena. El intento frustrado de levantarse tarde la mañana del 25 cuando a las 9:00 ya están abriendo regalos los más pequeños. Es una cocina que nunca se apaga, impregnando el hogar de aroma a chocolate caliente, a sofritos y salsas especiadas, y a olores nuevos que prometen. Y, sobre todo, la Navidad es una fiesta que afianza los lazos que nos unen como familia y que nos hermanan como personas.   Así que, desde lo más profundo de mi alma, les deseo de todo corazón, que pasen una Navidad apretujados, insomnes y con la ropa nueva oliendo a sopa de marisco. Y si es posible, solo si fuera posible, envuelvan a sus hijos en un abrazo y susúrrenles al oído:  “¿sabes qué es lo más import...

Nadie supera mi riqueza en este mundo.

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  Soy el más rico porque lo tengo todo. Habrá otros muchos que tengan tanto, pero nadie que tenga más que yo. Tengo salud y salud tienen lo míos. Sin ella en mi familia, dejaría de ser: cualquier cosa dejaría de serla si en mi familia reinara la enfermedad.   Tengo amor. Amor responsable del brillo de mis ojos. De la elasticidad de las arrugas en la comisura de mi sonrisa. De la candidez de mi voz templada. De la suavidad de mi mullido regazo. De tener lo mucho que tengo por teneros a vosotros.   Lo tengo todo porque nada me falta. Habrá quien tenga millones en oro, pero no tiene millones de besos agolpados en sus labios impacientes por salir. Ni millones de abrazos cálidos, deambulando por el cuerpo, deseosos de ser dados. Soy millonario en buenos deseos, en optimismo perpetuo, en amistades absolutas. Soy por ti y por vosotros. Soy, y de tanto ser me desvanezco hasta el extremo en el que no se encuentra luz durante el día, que no lleve consigo el acento de vues...