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Mil maneras de decir "te quiero".

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  Decir "te quiero" es algo tan íntimo entre dos personas que no se expresa de cualquier modo o en cualquier momento como se ve en las películas. La realidad es que no sabemos actuar así. Con nuestros hijos necesitamos un contexto determinado que casi siempre está relacionado con las despedidas, como por la noche antes de apagar la luz, o por la mañana acompañando al beso en la puerta del cole. Pero,… ¿qué sucede si no estamos ahí por las noches o no podemos llevarlos al colegio? ¿Qué ocurre si las costumbres de casa son otras y en esos momentos no estamos por la labor? Pues en realidad no pasa nada. Es cierto que decirles a menudo “te quiero” es enseñarles a verbalizar sus sentimientos con naturalidad (sin esa vergüenza generacional que nosotros arrastramos estúpidamente). Pero como bien sabemos todos, más que los "dichos" importan los "hechos". Así que si en casa no son muy dados a susurrar te quieros a sus hijos, sepan que solo es un detalle sin i...

Aviones de papel.

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  Hay un sentimiento muy sutil de honestidad en los juguetes de antaño. Es como un pequeño matiz de nobleza, un suspiro de nostalgia, una ráfaga de confianza y bienestar. Los recuerdos, cuando sanos y amables, nos tienden sus manos cálidas, nos deleitan con la tranquilidad de sentirnos seguros y hacen que todo lo que se mueva en ese entorno nos aporte calma y satisfacción. Y en este ámbito, como actores principales sobre el escenario, es donde podemos encontrar los juguetes de madera, las canicas, los juegos de pelota, la rayuela, el escondite, … No estoy en contra de pasar un buen rato con la Nintendo Switch explorando mundos en Minecraft, o conectados online con amigos en Fortnite, pero para un padre metido ya en los cuarenta, ver a sus hijos jugando a diseñar y volar aviones de papel, observarlos boquiabiertos con documentales de animales peligrosos o riendo a carcajadas con lo mejor del cine mudo de Buster Keaton es algo que, sencillamente, no tiene precio. Llámenme arcai...

Morir por ellos.

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  Es curioso que en la era del conocimiento, en la época de las posibilidades, haya tantas personas que mueran veinte años antes por simple pereza. Tabaco, comida basura, no hacer ejercicio, descuidar la higiene,… todos esos hábitos, hoy en día, está completamente demostrado que van mermando nuestra salud. Y nuestra salud determina el tiempo que estaremos vivos: o  sea, blando y en botella. Sin embargo, en la intimidad, hablando con nosotros mismos, hay veces que nos planteamos encrucijadas en las que tenemos muy claro que moriríamos por nuestros hijos. Que ante una situación nefasta, nos cambiaríamos sin dudarlo por ellos para librarlos del daño de forma heroica sin importarnos nuestra fin. Una enfermedad mortal, un accidente de tráfico, una mala decisión. Y, ojo, que eso está muy bien y dice mucho de unos padres que aman a sus hijos incondicionalmente, demostrando con ese regalo que son lo que más les importa en la vida, solo que ... “ Un hijo no quiere que sus padres ...

Dientes de leche.

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  A veces caen solos siguiendo el curso de la vida, como las hojas en otoño. Otras, después de un pequeño tirón, ayudados por el ansia y la impaciencia propia de la infancia. La caída de los dientes no es un ciclo artificial que imponga el ser humano como la mayoría de edad a los dieciocho, sino uno completamente natural que decide cada cuerpo, donde se empieza a deshacer de la necesidad de ser cuidado y se comienza a preparar para la autosuficiencia. <Y es que mis niños crecen y se desprenden de su plumaje de niñez. Cada diente que cae representa un logro: el primero fue ir al baño solo, el segundo vestirse sin ayuda, el tercero… A veces pienso que vuestros dientes son también los míos, pues cada vez que se os caen, el bebé que fuisteis un día se aleja más de mí. ¡Quién los pudiera retener toda la vida!> Al ratoncito Pérez le gustan blancos, brillantes. Le encantan los dientes de los niños que ya empezaron a cepillarse ya cuidar su higiene. Adora q...

Mi legado

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  Mi legado no será estar a vuestro lado siempre que me necesitéis, porque ya, a estas alturas, todos sabemos que aunque quiera no va a poder ser. Mi mayor legado no será dejaros mi casa en herencia o pagaros una carrera universitaria. (Que no digo yo que sea poca cosa, pero es que me niego a ser un simple mecenas). No será mi legado enseñaros a convencer con contratos de “te lo juro por...” ni a repetir con arrogancia lo que vosotros “ sí ” mientras los demás “ no ”. Y es que mi mayor legado será enseñaros a ser buenas personas, a cuestionaros la vida, a ir más allá del “la tierra gira alrededor del sol” que os enseñan en el cole, sino a preguntaros qué pasaría si no girara. Mi legado será vuestro estilo, vuestra manera de caminar, pisando firme, sí, pero sin aplastar margaritas, sabiendo que para coger los frutos del árbol no hay que arrancar las ramas: primero se elige la manzana madura, luego se tira de ella. Solo dos pasos, en ese orden. Mi legado será enseñaros a ser person...

Halloween, jugando a ser valientes.

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  La vida, en su día a día, es como un juego de valentía. Desde pequeños jugamos a desafiar nuestros miedos y quizá eso sea como un entrenamiento a lo que en el futuro vendrá, ya que hay que ser valiente para empezar una relación, casarse, tener hijos, afrontar problemas... De forma general, los miedos suelen aparecer en edades comprendidas entre los tres y los seis años, cuando nuestros hijos aún no entiende el mundo que les rodea y no son capaces de separar lo real de lo imaginario. Lo nuevo, lo grande, lo ruidoso o lo distinto puede dar miedo al principio. También las personas extrañas, la muerte o la oscuridad. Los niños suelen relacionar la oscuridad con la soledad y el desamparo. También, la poca visión de la noche, hace volar la imaginación y sospechar que la oscuridad esconde a personas desconocidas o monstruos debajo de la cama, dentro del armario o detrás de las cortinas de la habitación, y esto se debe, en gran parte, a la ausencia de otros estímulos externos que focal...